Por Andrés Pazmiño
Michael Ortiz, un volante izquierdo que alcanzó la fama con el Deportivo Saprissa por su contextura delgada, hábil con la pelota; con un gran remate de larga distancia y un futuro de gran proyección, ahora se gana la vida como chofer de autobús.
El crack morado tenía un gran futuro, pero no prosperó, ya que tuvo pésimas decisiones cuando le llegó la fama y el dinero con el club, así que después de fracasar en el fútbol, tuvo que buscar un desahogo económico y encontró la respuesta en un oficio que conoce bastante bien, ya es el que su padre realiza: conductor de autobús.
Desde el 2015 el volante pasa sus días en el bus traslado personas y, aunque aún es amante del fútbol, la vida lo llevó por otro camino al que también le tiene mucho aprecio.
“Es muy cansado, pero bueno, también soy consciente que esto llega porque tomé malas decisiones en el momento. Dios me dio la oportunidad de hacer lo que yo quería y yo no aproveché, ahora me toca trabajar como cualquier persona”, le dijo al diario La Nación.
El horario no es nada similar a la su vida como futbolista, ya que ahora, de lunes a sábado, el exsaprissista se levanta a las 3 a. m. para estar encendiendo la máquina a las 4 a. m. y termina sus funciones cerca de las 10 p. m.
“Mi último equipo fue Jacó Rays, pero la verdad es que ahí me di cuenta de que tenía que tener una estabilidad económica y el fútbol no me la iba a dar, entonces hablé con mi papá y él me enseñó a manejar autobús. A mí no me gustaría que la Policía ande detrás de mí por pensión y quiero que mis hijos estén tranquilos por lo que debo cumplir con mi responsabilidad”, contó.
En el 2010 la joya había firmado con los tibaseños, en aquella ocasión se vistió de morado gracias al gran certamen que había hecho con Barrio México previamente y era muy tímido, hablaba poco, ya que su talento en cancha hablaba por él, pero esos días ya quedaron atrás y ahora se centra en su dos hijos y su nueva vida.
De hecho, recuerda que cuando decidió irse a la S no valoró un chance claro que tenía para irse al fútbol de China; balompié en el que recuerda la oferta económica era cinco veces mayor a lo que le daba el Saprissa.
“Cuando estuve en Barrio México me llegó una oferta de China, don Minor Vargas me dijo que firmara en Asia, pero yo no le hice caso, a mí me buscó el Tianjin Teda. Si pudiera devolverme en el tiempo yo hubiera firmado afuera porque estaba con buena edad, pero al final yo preferí Saprissa ni sé por qué”, recordó en La Nación.
Su primera temporada como jugador del Monstruo fue difícil, ya que tuvo pocos minutos, pero la siguiente, la 2011 - 2012, con icónico entrenador Alexandre Guimaraes, pudo enseñar destellos de por qué lo habían llevado.
“La gente cuando voy en el bus todavía me reconoce, vieras como se ponen los morados; ellos me dicen que yo tengo futuro y demás; algunos hasta dicen que vuelva al equipo, pero eso sería como pegarse la lotería... A mí no me da miedo contar lo que pasó: Saprissa a mí me dio todo, pero yo le fallé a Saprissa y quedé mal con ellos, porque la oportunidad la tuve... Con Guima yo pude reventarla, pero fue indisciplinado”, concluyó.
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